<![CDATA[Bracos Alemanes de la Ron Bonviedro - Blog]]>Mon, 11 Dec 2017 21:47:33 -0800Weebly<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARÁZ. - REGALOS DE REYES -]]>Thu, 24 Nov 2016 17:38:17 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montarz-regalos-de-reyesDía 20
Condiciones: Tiempo cambiante, a intervalos lloviznando.
Escopetas: Yo
Perros: Bulla
Piezas Vistas: 5 perdices, 3 o 4 becadas
Disparos: 2/0 perdiz, 3/2 becada
Percha: 2 becadas
Hoy despedimos la temporada en el coto dónde transcurren la mayoría de nuestras jornadas, en nuestro pueblo, dónde hemos crecido y dónde los bonviedros tienen su asentamiento base.

Invertiremos el día en un cazadero que siempre tiene potencial pero que a la vez sufre mucha presión a lo largo de toda la temporada. La idea es tocar las zonas más bajas y exigentes, dónde podría haber alguna perdíz de esas que saben latín y que buscan estas franjas dónde muy poca gente las molesta. Si esta alternativa falla o no vemos una cantidad de perdices razonable para intentar hacernos con alguna sin comprometer la cría del próximo año, tenemos la opción de centrarnos en la que sigue siendo nuestra asignatura pendiente de este año, la tan ansiada becada.

La perra empieza desde el principio caza a la perfección, con recorrido y moviendo mucho terreno pero casi siempre a la mano y desplazándose con cabeza y sentido. Tardamos unas dos horas hasta que después de estar varios segundos parado, esperando a que la perra apareciera entre la maraña, sale una perdíz de la copa de una encina. Le disparo un tiro rápido sin apenas poder apuntar y la dejo de ver aparentemente sin ningún contratiempo. Unos minutos después nos cruzamos con mi padre y con Cala que ya llevan una perdiz colgada. Nos contamos cómo va la mañana y seguimos cada uno a lo suyo.

Después de la alegría de ver que el resto del equipo ya podían dar por buena esta última jornada y analizando las zonas que habíamos tocado sin haber movido apenas perdices, decido dar un cambio radical y me mentalizo para encarar el resto del día con el gran reto de lograr hacernos con la primera becada de la temporada.

Sé que hay pocas y que por lo visto en las horas que les hemos hechado no se dejan hacer demasiado pero la perra me transmite confianza y hay mucho monte que peinar.

Las primeras laderas no ayudan a aumentar el ánimo. A pesar de ser enclaves más o menos controlados y de ciertas garantías dónde hemos invertido un buen puñado de horas durante los últimos años no hay ni rastros, ni levantes, ni un solo indicio de que alguna pitorra haya estado por el terreno que pisamos.

Aún así no nos desanimamos y seguimos peinando monte. La extensión es muy amplia y una becada se puede quedar aplastada en el recoveco más inesperado. Sobre las dos, en un paraje que hemos conocido con más detalle este año, se produce el primer levante. Yo ni la veo, sólo la escucho, cuando llego a la zona por allí está la perra nerviosa y acaba marcando el punto dónde ahora sólo queda una cagada fresca. Me da rabia porque por unos metros no la he podido ver y posiblemente disparar con opciones y sobre todo por la duda de no saber si la perra la había parado.

Decidimos acabar el movimiento para volver posteriormente sobre nuestros pasos e intentar rebuscar la becada aunque sea a ciegas.

Ya casi al final de dónde tenemos previsto llegar, veo a la perra que se sube ladera arriba y parece que toca un caliente. Lo hace durante bastantes segundos, bajando y subiendo sobre piedras y lanchas que hay alrededor de un picón muy pronunciado. Cambio de cartuchos por si acaso. Unos segundos después oigo un leve aleteo por encima en dirección hacia el picón y poco después veo a una perdíz descolgarse a gran altura. A pesar de la gran distancia le disparo un tiro por el trabajo de la perra pero como era de esperar la perdíz ni se inmuta.

Volvemos hacia atrás para centrarnos en dos o tres áreas dónde pienso que podría haber ido la del pico largo. En la primera de ellas, bastante cerca de dónde se produjo el primer levante, la perra se carga por arriba, ralentiza y se queda bloqueada. Al principio dudo que pueda ser la becada que buscamos, pero la perra sigue sin moverse y con la expresión muy seria por lo que me apresuro a llegar a su altura cuanto antes. Al llegar se me encoge el corazón al verla tiesa cómo una vela, enfocada hacia adelante y con el cuello ligeramente torcido. Evalúo la zona con rapidez y me coloco un par de metros por debajo de ella. Tenemos coberturas por todos los lados pero aún así, quiero creer que si realmente la tiene ahí y estoy rápido puede haber una oportunidad de realizar al menos un disparo con opciones, siempre y cuando, claro está, no nos la juegue con algún vuelo inverosímil.

El silencio absoluto se rompe cuando los ocres más sublimes del bosque despegan del suelo a unos cinco metros y un poco más abajo de dónde estoy y emprenden la huída con un vuelo bajo y hacia adelante. Todo se precipita. En apenas un segundo da tiempo para contener el aire, olvidar la tensión, encarar con firmeza y aguantar las décimas de segundo necesarias para acabar realizando un tiro instintivo pero bien procesado. La becada dibuja un extraño en el aire y desordenada se topa con el suelo. Bulla apenas le da margen para que intente la huída y tras un par de revoloteos la emboca. En ese momento, para mi sorpresa, otra becada arranca a unos diez metros de dónde salió la primera, esta vez por encima de dónde me encuentro. Esta pone más troncos y maleza entre medias, no le cojo bien los puntos y el tiro resulta inofensivo.

Rápido me olvido de esta segunda parte y vuelvo al final de la primera disfrutando del cobro de Bulla, felicitándola muy emocionado, contemplando y admirando la majestuosidad de la becada que ahora sostienen mis manos.

Una vez repuestos y recreados nos volvemos a poner en marcha para ver si logramos localizar a la segunda becada de la que al menos sabemos que dirección ha tomado en la primera parte del vuelo.

Varias barridas después, en una vaguada querenciosa, de nuevo escucho el sonido inconfundible del despegue de una becada por debajo de mi. Al principio no la veo hasta que ya a considerable distancia la veo pasar un arroyo y encumbrar un cerro - todo un lujo poder ver un vuelo así con tanta claridad -. Al bajar, me encuentro de nuevo con la perra marcando el punto dónde estaba la arcea y me invade otra sensación parecida a la que me provocó el primer levante pero la diferencia es que esta vez al menos he visto la dirección que ha tomado. 

En primer instancia dudo si ir a por ella o seguir el movimiento ya que dudo si esta becada es la que salió anteriormente. Finalmente voy a lo que a priori debería de ser lo más seguro por lo que nos encaminamos hacia la dirección que tomó la última becada.

Al encumbrar el pequeño cerro me dispongo a ir subiendo hacia arriba. Por el final del vuelo que pude ver creo que ha virado hacia la izquierda por eso pienso que la becada se puede haber echado en esa dirección.

Con esa idea avanzo, hasta que la perra se baja más abajo y parece que toca un rastro. En principio no muestra demasiada intensidad pero no tarda en aumentarla progresivamente según va bajando y marcando lo que puede ser un peón.

No lo pienso demasiado y me desplazo ladera abajo para secundarla con prontitud. A medio camino veo con no demasiada claridad cómo se enfila y se queda completamente firme fijada ladera abajo. Un par de segundos después llego a su lado y puedo contemplar con detalle una muestra electrizante y elegante a partes iguales. La seguridad y la expresión de la perra no me dejan ninguna duda. Analizo el entorno rápido pero sereno y decido colocarme unos metros hacia su derecha mirando hacia abajo. La situación es similar a la del primer lance. Si la becada no nos la juega podemos tener alguna opción. Consigo contener la tensión y los nervios, sólo espero que pueda terminar el lance cómo merece la perra.

Apenas pasan unos pocos segundos más y la calma se escurre entre el sonido mágico del despegue. Las alas impulsan con fuerza para poner otra vez más tierra de por medio, pero esta vez sólo se queda en el último intento. De nuevo un tiro lleno de intuición, rápido y sin titubeos alcanza al objetivo y la becada se desploma de manera acrobática sobre el suelo.

Me resulta muy difícil explicar el final de un lance como este. Desde fuera pudiera parecer igual que al de cualquier otro perfectamente ejecutado, con un cobro perfecto, con Bulla sentada a mi lado y una entrega suave, pero hay lances, que por una serie de cuestiones - dificultad, excelencia, belleza, circunstancias -  en cuanto terminan, sabes que acabas de vivir algo que irá contigo siempre.

Todas las sensaciones que envuelven esa pausa son tan fuertes, emocionantes e incomparables que no eres capaz de mover un solo músculo aunque quisieras.    

Después de recuperar el aliento, rebosando alegría y sobrados de entusiasmo hacemos una pausa al mismo tiempo que nos recreamos contemplando a las dos enigmáticas aves que tanto se han hecho de rogar.

No necesitamos más. Estamos a punto de dar por finalizada la jornada pero viendo que la perra seguía fuerte y con ganas no la puedo dejar sola. Pienso en diferentes alternativas decantándome finalmente por realizar un desplazamiento considerable para tocar una mancha muy cerrada que aunque no la conocemos en exceso siempre nos ha dado buenas vibraciones.

El enclave es espectacular. Se trata de un sabinar completamente cerrado ubicado en una ladera tremendamente pronunciada por el que en el mejor de los casos solo puedes transitar agachado. No es demasiado extenso pero por sus características, necesitas bastante tiempo si lo quieres tocar con detalle.

La visibilidad aquí es prácticamente nula pero tengo la esperanza de que si localizamos alguna podamos hacer algún malabar para disparar. Me cuesta mucho seguir a la perra y pronto empiezo a perder completamente el contacto durante largos periodos de tiempo por lo que las posibilidades se reducen considerablemente.

En uno de esos momentos que estoy solo algo se levanta por encima de mi, apenas la intuyo pero posiblemente era lo que buscábamos. En uno de los últimos zigzags ya por la parte más baja veo a la perra con bastante rastro y le doy tiempo a ver que pasa. De repente algo se mueve por debajo y al momento se cruza de derecha a izquierda una liebre muy cerca de mi. Encaro y la sigo durante los escasos cinco metros dónde tengo visibilidad. Al apretar el gatillo el seguro impide que se produzca la detonación. No puedo hacer nada más que ver cómo salta una pared y desaparece de mi vista. Habría sido un tiro muy próximo, quizá demasiado, pero con un cartucho de novena, por el tipo de tiro que era y como lo había ejecutado, creo que puede dar las gracias de mi error estúpido. Lo verdaderamente sorprendente es descubrir dónde estaba encamada esa liebre; increíble el poder de adaptación que tienen los animales.

De vuelta al coche Bulla toca un caliente, no tarda mucho en marcar un peón enfilándose ladera arriba y un poco pasada de frenada hasta que unas decenas de metros después arrancan dos perdices por delante y fuera de tiro.

Con ese ruido espeluznante de la potente arrancada de las patirrojas damos por terminada una jornada exigente e intensa que nos deja un gran sabor. Rebobinando a cámara lenta llegamos a casa cansados pero tremendamente satisfechos y contentos sin esperar más regalos merecidos que los que nos hemos trabajado.     


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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARÁZ. - OTRO MÁS -]]>Tue, 08 Nov 2016 15:08:17 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montarz-otro-msDía 19
Condiciones: Cielos despejados, típico día de invierno
Escopetas: Yo
Perros: Cala
Piezas Vistas: 8 perdices 
Disparos: 5/1* perdiz, 4/1 paloma torcaz
Percha: 1 torcaz
No siempre cazo una zona del mismo modo, me gusta hacer cosas diferentes de vez en cuando y aunque a veces sepa que no es ni mucho menos lo más seguro o lo más estudiado de este modo aprendo y descubro detalles que de otra manera probablemente hubieran pasado desapercibidos. 

Hoy empezamos cazando las cotas más bajas pensando que después del día de ayer y estar a finales de temporada pueda haber perdices bajas desde primera hora de la mañana. Un par de horas después y tras varios movimientos y zonas peinadas no hemos visto ni una sola perdiz por lo que empezamos a subir hacia las franjas superiores a pesar de que sé que el no haber visto ninguna no significa que no se nos hayan quedado en cualquier rincón.

La primera arrancada se produce después de haber ganado unos cien metros en la vertical – quizás más –, una perdíz solitaria que ni se deja ver. En el trayecto disparamos a dos torcaces, un tiro a cada una con el chocke cerrado pero no nos hacemos con ninguna. Seguimos moviendo los alrededores hasta que en una zona muy espesa y sin apenas visibilidad se produce otra arrancada, pudiendo ver tan solo la dirección que toman dos de ellas - cada una por su lado - a duras penas.

Peinamos la franja más alta aprovechando que estamos más o menos próximos, con la intención de volver posteriormente hacia abajo. En una de las zonas más limpias y despejadas del cazadero iba completamente ido, pensando en cómo evolucionan los bandos y sus individuos según avanza la temporada cuando de una carrasca amplia y cerrada rompe una perdíz a escasos cinco metros de mi, provocando un alboroto tremendo. Un vuelo de frente y sin estorbos entre medias, todos los días firmaría una perdíz tan clara… pero no soy del todo consciente de lo que hago. Después de la sorpresa y el estupor me repongo como buenamente puedo, disparo el primero, así, sin más, y poco después el segundo. Entre medias esa sensación de miedo y escalofrío helador al ver que puedes fallar una perdíz tan clara y, para acentuarlo aún más, observo que la toco pero sigue volando ladera abajo ayudada por la inercia y la dejo de ver sin poder saber ni siquiera la dirección exacta que ha tomado. Otra perdíz a placer que me como con estrépito.

Sin demasiadas esperanzas damos una vuelta por la línea dónde la dejamos de ver pero la perra no detecta nada. Ya subiendo sobre nuestros pasos arranca una perdíz hacia mi derecha un poco larga. En cuanto puedo me subo a un alto para ganar algo de visión por si hubiera alguna más pero justo cuando estaba a medio camino entre despegar del suelo y subirme a una roca arranca otra. Completamente desequilibrado, intento encarar y disparo un tiro sabiendo que va a ser inofensivo.

Aprovechamos para hacer una mini pausa, comer una naranja, beber un poco de agua y volvemos a la carga. Una mano más baja hacia dónde podrían estar tanto la perdíz tocada cómo las dos últimas. No logramos dar con ellas. A mitad del movimiento se me viene encima otro bando de torcaces pero finalmente decido no disparar porque van bastante altas. Justo detrás veo que viene otra más o menos a la misma altura pero al acercarse baja unos metros dejándose caer y me animo a dispararla cuando la tengo casi encima. Le tiro el primero con el cerrado sin alcanzarla y aunque no tenía pensado disparar el otro se me va el dedo, tiro de nuevo y para mi sorpresa se desploma en picado a gran velocidad.

Me quedo con la línea dónde ha caído ya que desde dónde estoy no he podido ver dónde ha caído y me dispongo a acercarme a la zona. Me cuestan un par de minutos avanzar unos cincuenta metros por lo intransitable del lugar. Preveo un cobro muy complicado pero Cala lo hace muy fácil. Al llegar oigo un revoloteo sonoro y unos segundos después la veo volver con la paloma y me la entrega sin gran parte de las plumas de la parte trasera. Tan sólo tenía la punta de un ala partida.

Cambiamos de paraje por probar otros enclaves pero no conseguimos nada más. Tenemos una última opción pero no la materializamos. Ya casi en el coche la perra coge un peón de un rastro frío pero no acaba de resolver. Me quedo un poco mosca, avanzo un poco más y hago una media luna hacia una parte más baja. Al asomarme a esa pequeña vaguada arranca una perdíz sola hacia mi derecha, me parece seguirla bien pero cuando efectúo el disparo se produce el desconcierto por el deslumbramiento del sol y algo más, el segundo lo tiro ya un poco largo y no adelanto demasiado pero aún así creo que se pudo ir pinchada. Cuando desapareció y recree el lance, me di cuenta que el polvo que aún flotaba en el aire era producto de la plomada del primer disparo que había impactado en una subida de la pared, justo el único punto con esa irregularidad en toda la pared y tuvimos la mala suerte de que coincidió con el momento del disparo. Tampoco estaba hoy esa pizca de fortuna de nuestro lado.


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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARÁZ. - PUDO SER MEJOR -]]>Wed, 02 Nov 2016 16:16:44 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montarz-pudo-ser-mejorDía 18
Condiciones: Temperaturas apacibles aunque con viento incómodo
Escopetas: Oscar y yo
Perros: Bulla
Piezas Vistas: 15 perdices aprox., 1 becada, 4 liebres
Disparos: 4/0 perdiz, 3/1 liebre (yo), 6/2** perdiz, 3 liebre
Percha: 1 becada, 1 liebre
Al llegar al cazadero me encuentro con mi amigo Oscar que está terminando de prepararse y tras una amena conversación decidimos pasar el día juntos.

Apenas media hora después de empezar Bulla toca el primer caliente y marca el peón en un alto y se encamina ladera abajo muy acelerada. Unos cien metros más abajo acaba arrancando una perdíz lejos a la que solo veo por un instante y, unos segundos después, oigo otra arrancada.

Nos desplazamos hacia otro paraje dónde Oscar tiene localizada alguna perdíz. El primer bando no tardamos demasiado en localizarlo. Vemos seis perdices salir muy lejos. Realizamos un movimiento para dar con ellas pero no conseguimos ubicarlas, sólo levantamos una larga a la que le disparo dos tiros sin alcanzarla.

Volvemos a desplazarnos a otro enclave dónde suele haber otro bando. De nuevo Bulla nos marca otro rastro y aunque abre e intenta darle salida no lo consigue. En ese momento decido desplazarme unas decenas de metros hasta lo alto de una loma que no ha tocado la perra y justo al otro lado esperaban cautelosas. Apenas me dejan verlas unas décimas de segundo pero por el ruido diría que no era un bando pequeño.

Planteamos la estrategia a desarrollar pero las perdices no aparecen hasta el final del movimiento y después de haber movido mucho terreno. Le salen a Oscar al saltar una pared, le dispara a la que posiblemente no era la más fácil, muy larga, sin llegar a alcanzarla.

Pasado un tiempo, en un momento de dispersión, Bulla, que seguía a lo suyo, nos mete una perdíz a cascaporro. Soy yo el que me repongo primero al estar Oscar abriendo una portera. Ni con el primero ni con el segundo consigo frenar su potente vuelo y se deja caer como un tiro ladera abajo. Antes de poder lamentar el fallo otra nos pasa siguiendo la misma dirección y a la misma velocidad de vértigo pero esta vez casi por encima. Oscar le dispara un tiro rápido e instintivo, la engancha pero no lo suficiente cómo para frenarla y sigue dejándose caer hasta que la dejamos de ver. Damos un movimiento por si sonara la flauta pero nadie quiere soplar.

Unos minutos después, en una zona muy abrupta, con alternancia de canchales y matorral espeso, la perra parece tocar un caliente y marca rastros insistentemente por lo que esperamos un poco a ver si da salida. Después de un rato nos olvidamos un poco del tema y empezamos a hablar no recuerdo muy bien de qué. La perra debía seguir por debajo de nosotros peinando un rincón meticulosamente cuando una ladra aguda nos pone en alerta.

En cuanto nos giramos divisamos como una liebre rompía ladera arriba con fuerza apareciendo y desapareciendo de nuestra vista por lo quebrado del terreno. Reaccionando todo lo rápido que puedo le cojo los puntos, sigo su trayectoria y en uno de esos cortos intervalos dónde se deja ver disparo un tiro instintivo pero bien llevado. Yo no veo más. Oscar que está un poco por encima me dice que la he frenado que si no él la tenía que haber visto salir. Bulla pronto aparece latiendo el rastro hasta que llega al punto dónde dejé de verla, se frena y emboca a la liebre la cual emite ese sonido tan característico al sentirse atrapada. Después de dos vueltas al ruedo en las que Bulla no deja tocar la liebre a Lira – la perra de Oscar – me la acaba entregando dócilmente aún con vida.

Gentil y amigablemente cedo los honores a mi compañero para que sea él quién la porte - de algo tiene que valer estar más endeble y peor comido -. En el proceso no dejamos de asombrarnos al haber visto dónde estaba esa liebre, más de uno no se lo creería y podría tener más de un motivo.

Volvemos sobre nuestros pasos para realizar otro movimiento en el que sólo movemos una perdíz que sale muy larga. Justo antes de parar a comer algo, en un corral más o menos limpio aunque con los contornos muy sucios, llenos de zarzas y grandes escobas, Bulla nos vuelve a dar un susto. Después de meterse en un tramo de ese contorno se produce un alboroto considerable y la perra comienza a ladrar. No sabemos que puede ser aunque de primeras los jabalís nos vienen a la cabeza. En un principio no vemos nada por lo que yo decido correr paralelo a la franja cerrada para intentar aumentar mi campo de visión. Unos interminables segundos después sale de la maraña una liebre a todo trapo. Se lleva cinco tiros aunque no son suficientes para frenarla. La distancia era como poco considerable. Las perras siguen el rastro durante varios minutos, periodo en el que comprobamos que al menos le había alcanzado algún perdigón, pero no fueron suficientes. Las perras acaban viniendo visiblemente agotadas.

Después de comer cambiamos de zona para acabar allí la jornada. La primera mano la damos alta sin obtener resultados. Bajamos hacia cotas inferiores. A Oscar se le levantan cuatro perdices por delante por lo que decidimos ir a por ellas y realizar un movimiento para intentar dispararlas en el punto dónde creemos que pueden estar.

Logramos levantar cuatro dispersas - posiblemente las mismas que las primeras - pero sólo a una puede dispararle Oscar alcanzándola con ambos disparos a pesar de ser un disparo muy largo pero la perdíz aguanta y no cae.

Realizamos un movimiento en la dirección hacia la que se fue la perdíz por si tuviéramos la fortuna de toparnos con ella aunque sabemos que las posibilidades son mínimas.

Al poco de reemprender la marcha veo que la perra se frena y parece tocar un peón. Avanza lenta pero intensa unos metros entre la maleza hasta que se queda bloqueada, enfocada hacia un gran chaparro. Llamo a Oscar para avisarlo y que se acerque pero no me oye por lo que intento posicionarme de algún modo aunque no me resulta fácil por lo cerrado de la zona. La perra guía, la dejo de ver y por delante oigo un ruido que me desconcierta, poco después un vuelo extraño e irregular y por último una silueta más que sospechosa. Aviso a Oscar con fuerza ya que lo que sea va para él y no tardo en escuchar tres tiros seguidos.

Me acerco y me narra desesperado cómo una becada se le ha metido encima, la ha dejado pasar por no tirarla muy cerca pero al girarse el sol lo ha deslumbrado completamente y ha disparado a ciegas. Tras un par de minutos marcamos la línea que a priori podría haber tomado la becada. Desde luego la zona está muy apetecible, en cualquier punto se puede haber vuelto a echar. Apenas habíamos avanzado cincuenta metros desde que la dejamos de ver cuando Bulla nos da el sorpresón de venir con la sorda en la boca y nos la entrega con suma delicadeza. Qué subidón nos ha regalado!

Terminamos el movimiento sin tener indicios de la perdíz que buscábamos. En cambio vemos dos liebres de reballo, una de ellas nos pareció exageradamente grande a ambos. Las perras les cogen el rastro pero no las volvemos a ver.

El día no da para más, aún nos queda un trecho hasta llegar al coche, nos valdrá para hacer un resumen del día, lamentar sobre todo esas dos perdices heridas y para saborear los lances que hemos disfrutado gracias a las perras.


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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARÁZ. - PASEO VIBRANTE POR AÑO NUEVO -]]>Mon, 10 Oct 2016 10:23:34 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montarz-paseo-vibrante-por-ao-nuevoDía 17
Condiciones: Nubes y claros, temperatura agradable para la época que estamos
Escopetas: Yo
Perros: Cala
Piezas Vistas: 7 perdices, 3 becadas
Disparos: 5/2 perdices, 2/0 becadas, 1 paloma, 1 cerceta
Percha: 2 perdices, 1 cerceta
Dominamos bastante bien la noche anterior y eso nos permite dar un paseo y respirar el primer aire limpio y frío de enero para empezar bien el año.

A las doce, con el sol ganando altura y aún con una helada considerable comenzamos a desperezarnos. La intención es dar una vuelta tranquilos, sin prisas, disfrutando del campo y la soledad. Intercalaremos movimientos con la idea de poder localizar alguna becada que tan duras se están mostrando este año o alguna de las perdices supervivientes que han conseguido librarse de los cazadores y que tan poco les queda para terminar está etapa de tensiones, miedos y huidas para empezar con los nuevos amores.

En las zonas altas y despejadas, normalmente más presionadas, no movemos nada. Así que decidimos ir bajando hacia cotas inferiores dónde el perfil se acentúa, la cobertura aumenta considerablemente y los recursos para que la caza se defienda son múltiples y variados.

La perra va como un tiro, en exceso, parece que sabe que hoy tiene más libertad y en muchos momentos ni sé por dónde anda. En una de esas carreras llenas de fuerza y ganas por encontrar rivales, se frena y toca un rastro por bajo, empieza a marcar un peón hacia abajo en una zona muy cerrada y unos segundos después oigo la arrancada de una perdíz no lejos de nuestra posición pero ni la veo. Estaba subida en una gran piedra que recibía de lleno los rayos débiles del sol. Tocamos laderas próximas, yo no veo nada, sólo en un momento dado la perra hace una ladra siguiendo un rastro durante unos minutos.

Hacemos un pequeño movimiento por franjas más altas para volver de nuevo hacia abajo. Entre tanto oigo alguna perdíz cantar aunque no consigo ubicarlas exactamente. Ya metidos en las partes más bajas avanzo por un cerro con la perra por delante, la dejo de ver por unos segundos y de repente entre varios árboles aparece una perdíz en mi campo de visión avanzando hacia mi y escorándose hacia la izquierda. Me asiento, le cojo bien los puntos y aunque durante el último tramo del vuelo aparecen entre medias algunas obstáculos consigo derribarla con un tiro muy bien ejecutado. La perdíz cae de una manera un tanto rara, con las alas extendidas y lenta.

Cala no tarda en llegar y le indico la dirección al mismo tiempo que vuelvo a cargar. No tardo en verla cómo se carga por arriba y se enfila hacia abajo, la dejo de ver y pocos segundos después oigo con claridad y por dos veces el piar peculiar de la perdíz tras ser atrapada, aún así, no es hasta que veo a la perra venir con ella en la boca cuando me relajo totalmente.

Después de venir de un día tan frustrante como el anterior, un lance como este ayuda a eliminar las malas sensaciones y las dudas que rondan por tu cabeza. Ya podemos dar el día por bueno en cuanto a resultados cuantificables pero seguimos teniendo unas horas por delante para continuar disfrutando de un día muy agradable.

Nos metemos hacia zonas becaderas. En una hora y pico tocamos algunos enclaves querenciosos dónde días anteriores hemos movido alguna. Levantamos dos. La primera no tuvimos fortuna. La perra laceaba subiendo y bajando una ladera muy pronunciada, en una de esas bajadas su trayectoria paso muy cerca de dónde la becada estaba echada, al pasarla se freno en seco y se bloqueó hacia atrás, en cuanto lo hizo la becada se levantó, posiblemente al sentirse muy presionada. Apenas nos da opción pero aún así le disparo dos tiros rápidos como puedo sin resultado alguno.

En otra de las zonas se levanta otra que apenas se deja intuir, al igual que con la anterior intentamos volver a localizarla sin conseguirlo. No había trascurrido mucho tiempo cuando en una zona prácticamente imposible de transitar y según avanzaba con las rodillas por el suelo para romper de alguna manera, entre la maraña oigo la arrancada de un perdíz muy cerca pero evidentemente ni la veo. Entre medias le disparo a una torcaz pero el cartucho de octava sólo consigue sacarle algunas plumas.

Cuando salgo del atolladero me subo a una pared por si acaso hubiera alguna rezagada y unos segundos después se despega otra del suelo montando un buen alboroto y no tardando en aparecer en mi radio de acción cruzándome por delante hacia mi derecha. A pesar de no tener demasiado margen para apuntar consigo llevarla y realizo un disparo con bastante intención – o esa es mi intuición - justo antes de que se tape pero poco después la veo volando sin observar nada extraño.

En ese momento me doy cuenta que le he disparado con un cartucho de novena que tenía en el primero pensando en alguna becada. Un error que posiblemente limito mucho las posibilidades de alcanzarla.

Aunque se ha ido, la perdíz ha tomado una dirección dónde creo que puedo encontrarla pero antes me decanto por mover un poco más esa franja por si hubiera alguna perdíz más. Unos minutos después, en un cambio de dirección en el avance, arranca otra buscándonos la espalda pero apenas la veo unas décimas de segundo y desaparece a pesar de salir muy cerca. Vuelvo rápido sobre mis pasos por si hubiera alguna más y conseguir así una posición mejor pero antes de hacerlo se levanta otra, bastante cubierta también pero con opciones si no hubiera estado a punto de saltar una pared… me desequilibro y no puedo hacer demasiado, aún le disparo un tiro como puedo pero como era de esperar la perdíz sale ilesa.

Me dirijo hacia el punto dónde creo que pudo ir la perdíz anterior - la que disparé con novena -. Tengo la esperanza de que si la encuentro podemos tener alguna opción de disparar. La perra va por delante laceando, a una distancia ideal. Me decanto por ir por la parte superior del cerro y así poder tener contacto continuo con la perra, algo que es complicado por la abundancia de piornos que casi candan la pequeña loma por la que avanzamos.

La perra aparece y desaparece de mi vista entre la maraña hasta que de repente la veo que se frena en seco, se enfila hacia delante y se queda clavada. En ese momento se me encoge todo el cuerpo pero soy capaz de reaccionar sin perder tiempo y tomo una decisión arriesgada.

Dejo a la perra allí sabiendo que en cuanto me mueva la dejaré de ver, para seguir avanzando unos metros hacia adelante pero ligeramente escorado a la derecha de la línea hacia dónde Cala se ha enfocado. La intención es posicionarme para tener un buen campo visual y en el caso de que la perdíz este peonando por delante pueda anticiparme un poco.

Avanzo unos diez metros dónde creo que estoy en un buen sitio y espero expectante a alguna novedad. No se mueve un alma, aunque no la veo, sé que Cala sigue clavada y pienso que la perdíz puede estar muy cerca de mí pero estoy a merced de la perra y sólo puedo esperar angustiado a escuchar algo que me indique que la perra está guiando, pero antes de que eso suceda un estruendo sobrecogedor y fascinante me deja ensimismado. La pedíz arranca a no más de cinco metros de mi, justo en la línea dónde la perra la deje petrificada. En esos momentos me avasalla el miedo de fallar, de no acabar el lance del único modo en el que tienen que acabar cada uno de esos lances.

Logro retenerme un poco y ser más o menos consciente de lo que hago, apunto y la primera plomada impacta sobre el objetivo, la perdíz acusa el disparo aunque levemente y sigue avanzando. Por la cabeza pasan suicidas, muchas cosas a la vez. Intento coger de nuevo los puntos y unas décimas de segundo después la segunda detonación coincide con el frenazo del vuelo de la reina y al poco de empezar a caer desaparece de mi vista.

No puedo contenerme después de la tensión acumulada y me sale un “¡si!, ¡bien!”, en ese momento lo veo hecho. Llego rápido hasta al otro lado de la pequeña loma hacia dónde debería estar la perdíz y me subo en una peña que sobresale y desde dónde tengo buena visibilidad. Delante tengo una vaguada muy quebrada, con muchísima maleza, afloramientos rocosos… vamos una zona de todo menos fácil para realizar un cobro, aún así, es la primera vez que a pesar de que en ese momento aparece la incertidumbre con fuerza, tengo puesta toda mi confianza en la perra.

Mando a la perra cobrar indicándole la zona aproximada dónde debería estar la perdíz. No tarda en recibir algún tipo de emanación y analiza con detalle un punto o al menos eso me parece porque no la puedo ver con claridad. Tras unos segundos empieza a avanzar hacia adelante con lentitud, debido, en parte, a lo impracticable del terreno. Es complicado aguantar allí con los nervios y la angustia ganando enteros a pasos agigantados. Cala avanza unos veinte metros hasta dónde no la veo, hasta que unos segundos después vuele sobre sus pasos y se frena en otro punto. Apenas la veo, sólo espero que resuelva cuanto antes para recuperar el aliento. Finalmente me parece ver que cambia de dirección completamente e intuyo que avanza de un modo diferente y aunque aún no lo celebro ya me figuro la imagen emocionante.

Dos segundos después puedo ver con un poco más de claridad, y desde luego los andares me dan muy buena espina. Espero un par de segundos para confirmarlo y ahora por fín ya puedo olvidarme del resto y disfrutar del final de un lance inolvidable.

No sin poco esfuerzo Cala logra llegar hasta mi posición bastante cansada y me entrega la perdíz aún con vida. La felicito con el entusiasmo que solo alberga las acciones que te acompañarán el resto de tus días. Nos tomamos nuestro tiempo para reponernos, contemplar la perdíz, rememorar a cámara lenta un lance tan especial y que para mí significa tanto; la primera perdíz que le derribo a Cala a perro puesto después de no haberlo podido lograr anteriormente en varias ocasiones por diferentes motivos.       

Durante esa pausa escucho dos o tres perdices cantar en diferentes puntos no muy alejados, en un principio el instinto depredador aún latente me hace pensar en el siguiente movimiento pero pronto salgo de ese estado, analizo y decido dejarlas tranquilas al saber que quitar más perdices a esa zona puede ser excesivo. Hay que cuidar y respetar si queremos seguir disfrutando de esta pasión. Además, dos, incluso una perdíz hubiera sido más que suficiente para estar satisfecho en cuanto a percha se refiere.

Cómo hoy también nos toca volver a casa y estamos a varios kilómetros del pueblo nos marcamos un rumbo un poco irregular para disfrutar de una tarde espléndida para que la vuelta se prolongue un poco más y así pasar por más puntos, por si pudiéramos tener alguna oportunidad más.

En el trayecto movemos una perdíz solitaria que para variar no se deja ni ver y Cala se marca dos ladras, una de ellas muy larga, posiblemente de liebres. Es ya cuando estando muy cerca de casa y justo antes de que Cala desapareciera detrás de otro rastro algo se arranca por delante de mi y aunque el sitio es un tanto inusual juraría que se trataba de una becada, más aún cuando después de algunos minutos y Cala volvió toco con insistencia los alrededores del punto desde dónde la vi despegar. Mientras esperaba a que volviera a la perra, una estela me sorprendió proveniente de no sé dónde y la vi dejarse caer en vertical. De nuevo me pareció ver una silueta de anátida pero me pareció demasiada pequeña.

El sitio hacia dónde había volado estaba muy próximo así que iríamos a ver si estaba en lo cierto.

Tras hacer la intentona de volver a encontrar la becada y no lograrlo nos acercamos hacia dónde me pareció ver aquella silueta cuanto menos sospechosa. Al acercarnos al punto aproximado y mirar a un sitio y a otro no sucedió nada en primera instancia pero al girarnos para seguir avanzando un ruido discreto nos puso en alerta y no tardamos en ver una silueta cogiendo altura y buscando las ramas desnudas de los fresnos.

Le cogí los puntos sin apresurarme demasiado, lo seguí, corrí la mano y con el primero lo eche la suelo. Aún sin verlo la perra no tardo en localizarlo desde arriba en el agua, se hizo con él con solvencia y acabo entregándomelo sentada - o mejor dicho, entregármela, era una cerceta hembra, la primera que veo por aquí - para acabar así un tranquilo y placentero paseo a merced de los incomparables rayos de principios de año y por si fuera poco con algún lance memorable, de los dignos de enmarcar.


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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARÁZ. - MALDITA ESCOPETA -]]>Sun, 02 Oct 2016 17:42:14 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montarz-maldita-escopetaDía 16
Condiciones: Nubes y claros, temperatura agradable para la época que estamos
Escopetas: Yo
Perros: Cala
Piezas Vistas: 2+6+6+6 perdices, 1 becada
Disparos: 10/2*
Percha: -
Qué difícil es hacer una jornada como la de hoy. Exigente, dura y sacrificada a partes iguales. Estrategias, movimientos e intuición, rozando la perfección. La perra a grandísimo nivel y con algunas acciones fabulosas. Conseguimos que la escopeta fuera la única que nos pudiera separar de una percha imposible de olvidar no por la cantidad si no por las formas y la altura de temporada en la que estamos, pero su falta de colaboración y esa pizca de fortuna que siempre ayuda, hizo que volviéramos a casa con cara de circunstancia.

Hoy volvemos a una de las zonas que más hemos pisado este año con la idea de centrarnos en un bando que aún puede ser nutrido, o eso creo yo.

Antes de ir a buscarlo hacemos un movimiento con intención por si alguna de otro bando nos pudiera dar alguna opción. No tardamos demasiado en oir una descolgarse. Unos minutos después otra perdíz suelta se deja caer - casi con burla - sin darnos ninguna opción. Avanzamos ladera arriba hasta que el sonido de una arrancada me sobresalta y me extraña a partes iguales. Por dos metros no consigo ver y disparar a la becada que se acaba de levantar en un punto dónde muy probablemente la podría haber disparado a placer. No sé si la perra la paró pero desde luego estaba en ese punto.

Nos lleva una hora hasta que conseguimos levantar las perdices que íbamos buscando. De nuevo la fortuna hizo que a pesar de sacarlas en un sitio que las podíamos esperar y salirnos muy cerca no las pudiéramos ni ver al salirnos al otro lado de una pared y cubrirse con la cobertura.

A pesar de no haberlas visto hacemos un movimiento previendo dónde podrían haber ido. En uno de los posibles puntos, una quebrada más propia para escalar que de andar sale una buscándonos la espalda de encima de una árbol a cierta distancia pero supongo que a tiro. Después de las dos detonaciones ni se inmuta. Continuamos el movimiento y aunque nos cuesta y tenemos que machacar varios puntos debido a la cantidad de maleza que los cubren movemos otras dos perdices aisladas aunque apenas nos dejan verlas.

Volvemos sobre nuestros pasos un tramo, por si alguna de esas perdices hubieran vuelto hacia atrás. No sacamos nada, hasta que subiendo unos canchales la perra se carga por arriba, se dirige hacia una tupida carrasca y a los pocos segundos se produce un tumulto sonoro y empieza una ladra intensa de un algún minuto pero yo no puedo ver nada. Cuando llega la reviso por si tuviera alguna herida y seguimos cazando.

Decido encaminarme a otro enclave próximo y en ocasiones querencioso. Vamos con el aire mal, pero en días cómo hoy, cuando hace aire, a veces hay que elegir entre hacer los movimientos qué tu crees que son óptimos o decantarte por ir con el aire de frente facilitando así la labor del perro, lo ideal sería que ambas coincidieran pero a veces es inviable.

En uno de los lazos la perra se gira completamente y vuelve sobre sus pasos para enfocarse hacia atrás, se carga por arriba avanzando muy rápido para ir reduciendo el ritmo progresivamente hasta que en una postura felina y estéticamente formidable se queda clavada. Permanece firme unos segundos, llego a su altura, guía otros cinco metros y se frena de nuevo saboreando el aire que le llega de frente. La pendiente es acusada, el suelo está bastante despejado, en cambio, hay árboles por todos los lados. Por encima de la perra una gran bola granítica y de frente una pared. No me da tiempo a analizar dónde debería situarme, El alboroto de la arrancada de tres perdices me sobrecoge. En cuanto se levantan desaparecen detrás de unos obstáculos y otros, sólo una se deja ver por dos veces pero durante milésimas de segundos y no puedo ni siquiera intentar el disparo. La desesperación me inunda - es muy duro ver un lance tan brutal y no poder hacer nada más que felicitar a tu perro -.

Intentamos dar con ellas, han subido hacia cotas más altas pero a pesar de tocar varios puntos querenciosos no hay ni rastro que las delate. Al abrir el radio de acción buscando otros cerros a priori no tan querenciosos, aparte de menos conocidos, la perra toca un caliente en una zona prácticamente intransitable, no puedo seguirla por lo que decido avanzar lento por si acaso fuera alguna perdíz y consiguiera meterla hacia abajo. Unos segundos más tarde se diluye esa idea y me despisto hasta que el sonido de una perdíz descolgándose a lo kamikaze provoca que mis ojos miren hacia el cielo y me encuentre con su silueta en mi vertical. Encaro todo lo rápido que puedo y aunque pongo mis mejores intenciones la perdíz sale ilesa.

A pesar de que no era un tiro fácil maldigo mi fallo y espero cabizbajo la llegada de Cala que no tarda en presentarse y la felicito de nuevo aunque ella no me hace ni caso, sólo quiere seguir cazando.

Pienso diferentes alternativas y aunque dudo, decido tocar cotas muy bajas, una opción muy arriesgada y normalmente poco productiva por la dificultad del paraje y su amplitud, mucho más aún para una escopeta sola.

Un poco más abajo de dónde la perra bloqueo las tres perdices toca otro caliente, marca el peón hasta que se queda con la nariz en alto mirando hacia una encina y otra gran piedra. Al saltar, la perdíz se arranca por delante de nosotros y se descuelga sin poder hacer nada.

Vamos en su búsqueda pero no damos con ella por lo que comenzamos a intentar zigzaguear toda la franja baja de la ladera.

No pasan demasiados minutos hasta que por sorpresa, en una pequeña vaguada se levanta una perdíz por encima de mí, hacia mi derecha, y poco después alguna más le siguen, no sé cuantas exactamente. Arrancan a tiro y lentas, para coger altura, tengo un margen para disparar antes de que se tapen con las copas, me centro en una la apunto bien pero al disparar soy consciente de que no he adelantado el tiro pero aún así, la perdíz acusa el disparo, hace un claro amago de perder altura al descoordinarse, pero angustiado, veo como se repone como puede y consigue seguir avanzando hasta que la maleza me impide seguir su trayectoria.

¡Qué cuerpo! En ese momento soy consciente que será prácticamente imposible volver a dar con ella. No sé si habrá podido volar mucho, ni siquiera la dirección que ha tomado, sería una remota casualidad y los milagros nos suelen darse en el campo.

Barremos la posible franja dónde pudiera haber caído pero ni rastro de ella, por lo que la dejamos por imposible y seguimos peinando la ladera. Un rato después se levanta otra lejos y a partir de ahí tenemos un intervalo en el que no logramos mover nada hasta que subiendo en vertical una pendiente tremendamente pronunciada, salteada con numerosos  salientes rocosos una perdíz me sorprende peonando llena de energía hacia mi izquierda y un segundo después nacen del suelo varias más que le siguen y se levantan desapareciendo al instante de mi campo de visión. La posición que tenía en ese momento y el cansancio acumulado me impidieron recomponerme a pesar de intentarlo. Por si fuera poco cuando empezaba a lamentarme me cruza otra por delante que me pilla desprevenido.

Cogemos un poco de aire y nos ponemos rumbo hacia dónde en principio han volado. En un momento dado veo a la perra que se separa de mi ganando terreno a la pendiente, podría llevar un peón pero no me parece muy fresco, de todos modos no sería capaz de seguirla por esa quebrada así que confío en que si son y las levanta se descuelguen hacia abajo, algo lógico por otro lado.

Pasa un tiempo hasta que a una distancia considerable un cacareo de una perdíz en apuros me hace poner en alerta. Un par de segundos después una perdíz que viene dejándose caer aparece por mi derecha, intento cogerle los puntos y en ese momento siento como alguna perdíz más está pasándome más cerca, alguna incluso por encima, pero es solo la sensación ya que mis ojos están centrados en la primera. Efectúo los dos disparos con la perdíz ya frenándose no muy cerca de mi pero tampoco muy lejos y después del segundo esta se posa en el suelo. Completamente desconcertado veo como Cala aparece como una locomotora, jadeando y muy excitada. Cargo en silencio y voy hacia dónde se he echado la perdíz pero antes de llegar se levanta y se cubre dándose posteriormente un vuelo espeluznante.

Sin perder un segundo hacemos otra media luna entorno al punto dónde se han arrancado las perdices. Apenas pasan un par de minutos hasta que otra perdíz amagada arranca por encima y muy cerca de mi buscándonos la espalda. Amago con dispararle antes de que me gane la vertical pero ya la tengo encima y decido esperar a que me pase, pero justo cuando lo hago se tapa y al salir fallo el único tiro que puedo disparar ya que otro árbol la cubre de nuevo.

Desesperación es poco, me cuesta asimilar lo que está pasando. El cansancio agudiza esa sensación tan desagradable pero sacamos un poco más de fuerzas para tocar otra franja un poco más alta. Todavía movemos otras cuatro perdices sueltas pero no conseguimos dispara a ninguna de ellas.

Hacemos un breve descanso. Manzana, un poco de agua, chocolate y nos dejamos caer un rato en el suelo. Cabeceando de lado a lado tengo que sonreir resignado, por no llorar… sé que hemos desaprovechado y malgastado las oportunidades que tanto nos hemos trabajado y que posiblemente ya no haya más, además no se me va de la cabeza la perdíz tan tocada que no hemos tenido ni opción a cobrar.

Tras la pausa aún movemos dos perdices sueltas en un par de zonas próximas una de ella muy bien seguida por la perra pero yo no estuve atento y no pude seguir sus pasos.

Salimos de este cazadero dónde moralmente ya no nos vemos capaces de nada y nos dirigimos a otra zona más tranquila más que nada para acabar el día con otros aires. Disparo a una torcaz algo larga aunque veo que le saco un par de plumas pero ni se inmuta. No muy lejos de ese punto en uno de los lazos la perra se queda clavada, muy firme. No la veo del todo clara porque me refleja el sol pero así me lo parece así que me apresuro a acercarme cuando la arrancada de otro bando me sorprende. Me centro con una, el primer tiro lleva algo de intención aunque tampoco está nada bien apuntado, con el segundo los rayos del sol me deslumbran y no me dejan ver con nitidez y lo tiro por inercia. En el aire veo alguna pluma flotando, resquicios del primer tiro. Resignado ya lo veo como algo lógico, hoy no podía ser de otra manera.

Hasta que llego al coche se me revuelven las tripas continuamente al ver como Cala sigue moviendo monte incansable y con la misma expresión que al empezar el día, sin reprocharme nada y dando el máximo a pesar de estar vacía. Todavía oímos a otra perdíz levantar por delante. Al llegar dónde estaba, la perra se queda bloqueada, la acaricio e intento tranquilizar. No me hace ni acaso, se come el terreno y sigue intentándome convencer de que aún habrá una oportunidad, pero tanto ella como yo sabemos que hoy ya tuvimos las nuestras y que en estos momentos en mi pierna izquierda debería de estar colgada una recompensa merecida, con varias patas y picos rojos, fruto del  trabajo soberbio e impecable realizado y que solo la escopeta y esa pizca de fortuna nos ha privado de manera tan cruel.

Lo siento Calita... es todo lo que puedo decirte.

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<![CDATA[CAMADA D - 2016 - WARUS v. d. MADLAGE X CALA DE LA RON BONVIEDRO]]>Sat, 01 Oct 2016 11:34:59 GMThttp://bonviedro.com/blog/camada-d-2016-warus-von-der-madlage-x-cala-de-la-ron-bonviedro
Warus von der Madlage
Cala de la Ron Bonviedro

Machos
Domino de la Ron Bonviedro
Doncel de la Ron Bonviedro
Duende de la Ron Bonviedro
Hembras
Daenerys de la Ron Bonviedro
Daga de la Ron Bonviedro
Dalia de la Ron Bonviedro
Danza de la Ron Bonviedro
Desliz de la Ron Bonviedro
Dulce de la Ron Bonviedro



Domino DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Macho
Propietario: Daniel Fenoll
Residencia: Murcia


DOncel DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Macho
Propietario: Jesús Martin
Residencia: Fuensalida, Toledo


DUENDE DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Macho
Propietario: Jose Ramón Mier
Residencia: Corrales de Buelna, Cantabria


DAENERYS DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Hembra
Propietario
Residencia


DAGA DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Hembra
Propietario: Angel Serrano
Residencia: Llinars del Vallés (Barcelona)


DALIA DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Hembra
Propietario: Miguel Arias
Residencia: La Cala de Mijas (Málaga)


DANZA DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Hembra
Propietario: Agustín Santano 
Residencia: La Fregeneda (Salamanca)


DESLIZ DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Hembra
Propietario: Joan Sarries
Residencia: La Fuliola (Lérida)


DULCE DE LA RON BONVIEDRO

Sexo: Hembra
Propietario: Jesús Arredondo
Residencia: Madrid


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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARÁZ. - TOURMALETS -]]>Mon, 28 Mar 2016 12:01:06 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montarz-tourmaletsDía 15
Condiciones: Frío y soleado, niebla espesa hasta mediodía.
Escopetas: Yo.
Perros: Bulla
Piezas Vistas: 1+4+2+3 perdices
Disparos: 4/1*
Percha: -

La densa niebla que cubre prácticamente todo el acotado nos impide salir hasta mediodía. Aprovechamos que la visibilidad es menor en cotas altas para investigar una zona realmente exigente y para nosotros, prácticamente desconocida en su gran mayoría.

Al poco de empezar la perra toca un peón por debajo y una perdíz arranca larga en una ladera tremendamente pronunciada. Le disparamos por dos veces sin resultado.

Pasan un par de horas de sube y bajas, de romper monte y buscar veredas, hasta que la perra vuelve a tocar otro caliente en un alto. Le cuesta descifrar la dirección pero finalmente coge el peón y va avanzando poco a poco. Después de varios metros cambia de dirección enfilándose ladera abajo. En ese momento me desconcierto, me parece imposible que si son las perdices se hayan bajado por una ladera tan cerrada y pronunciada, además, pienso que si bajo quizás arranquen y ni las pueda ver por la cantidad de cobertura, “si son las perdices desde aquí arriba al menos puedo ver hacia dónde tiran”.

Después de unos segundos oigo la arrancada y logro ver cuatro perdices. En ese momento pienso que si hubiera seguido a la perra quizá habríamos tenido una oportunidad.

Volvemos sobre nuestros pasos con la idea de intentar localizarlas aunque no será nada fácil por lo que nos rodea. Después de una amplia media luna sin localizarlas decidimos dejarlas. Poco después arranca una codorniz que no disparo en una zona más propicia para que encame algún marrano. De hecho, unos metros más adelante la perra desaparece y levanta y ladra un rastro durante un buen rato. Solo oigo, no veo nada.

Otra hora sin mover nada hasta que Bulla toca otro caliente al principio de una zona que conocemos un poco. Es una vaguada realmente tupida con árboles diseminados por dónde no es fácil avanzar. Definitivamente engancha el peón y se encamina hacia abajo y hacia atrás. Corro hacia ella y procuro estar lo más cerca posible. Tras cincuenta metros de rastro empieza a frenarse y a intensificar la búsqueda, acaba por bloquearse un par de veces pero finalmente la perdíz sale lejos, por delante de nosotros sin dejarse ver. Felicito a la perra por la gran acción.

Cuando volvemos sobre nuestros pasos arranca otra un poco más abajo a la que intentamos volver a localizar sin lograrlo a pesar de haber gastado fuerzas y tiempo para llegar al punto dónde la vimos posarse.

Tocamos otra zona antes de parar a hacer un pequeño descanso y meterle algo al cuerpo. Nos topamos con un zorro despistado al que la perra le pega una gran carrera entre canchales y riscos hasta que lo encierra.

Una pausa justo cuando el sol le gana unos metros a la niebla. En lo alto de un cerro, con vistas privilegiadas, Bulla tumbada a mi lado, disfrutando del descanso y los rayos del sol, unos minutos para recrease y recuperar pulsaciones.

Varias perdices cantan en un cerro que tenemos en frente, cogemos aire y volvemos a la carga.

Aun teniéndolas ubicadas y barrer la franja realmente tupida de dónde provenían los cuchicheos, no conseguimos sacar nada. Nos movemos unas decenas metros hacia un enclave más despejado aunque igual de exigente. La perra que ya acusaba los rigores de la jornada que llevaba sobre su espalda, aumenta el ritmo y se separa hacia mi derecha hasta que la veo de muestra. El cansancio y la brutal pendiente que encaramos no evita que haga el intento de llegar hasta dónde se encuentra Bulla inmóvil pero a los pocos metros dos perdices se le levantan a unos diez metros de dónde estaba ella. La rabia se apodera de ti cuando físicamente estás en el límite, la perra se marca una acción esplendida y no puedes ni disparar, pero esto es la caza de verdad.

Damos otra mano al enclave y levantamos otra suelta. Apenas queda una hora de luz y nuestros motores están ya muy tocados pero no nos rendimos y encaramos la última mano en cotas más bajas dónde creo pueden haber ido las perdices. En el primer movimiento damos con una pero no nos da opciones. Intentamos volver a localizarla pero no lo conseguimos a pesar de peinar la zona dónde a priori podía haber ido. Decidimos tocar un punto próximo dónde además nos ha parecido oir un cuchicheo tímido y muy bajo.

Al llegar la perra toca un caliente debajo de una gran encina y no pasan demasiados segundos hasta que una sonora arrancada nos pone en alerta. Una perdíz arranca de la copa, tarda un segundo en dejarse ver, va a una altura considerable pero supongo que con opciones… con el primer tiro me da la sensación de que la toco, con el segundo no consigo nada más y con impotencia la veo volar una gran distancia hasta que la pierdo de vista. Salen posiblemente otras dos perdices más que ni las veo. El afán por buscar un punto con algo de visión hace que al saltar una pared se me vaya el pie y me pegue un tremendo batacazo en la rótula que me hace cojear y retorcerme de dolor durante varios segundos.

Toca volver a casa, ha sido una jornada no apta para todos los públicos, en la que no hemos tenido demasiadas opciones, la suerte no ha estado de nuestro lado en momentos puntuales y ha habido algún fallo en acciones decisivas… lo mejor, la perra, a pesar de tener apenas opciones, las veces que ha entrado en contacto con la caza lo ha hecho de manera fabulosa, hoy merecía más recompensa pero cazando cómo y dónde lo hacemos, sabemos que esto funciona así.      

Sí, lo sé, hoy merecías más...

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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARÁZ. - JORNADA EXPRESS -]]>Thu, 03 Mar 2016 11:37:07 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montarz-jornada-expressDía 15
Condiciones: Nieblas altas, bajas temperaturas con ligera brisa.
Escopetas: Yo.
Perros: Cala.
Piezas Vistas: 6 perdices aprox., 2 becadas
Disparos: 2/1 perdices, 2/0 becadas
Percha: 1 perdiz

Tenemos por delante tres horas escasas que intentaremos aprovechar al máximo. La idea es buscar alguna esquiva becada aunque antes tocaremos algún punto muy concreto y querencioso por si la suerte nos quisiera dar una opción con alguna de las del pico rojo.

Esos primeros movimientos los hacemos a todo trapo. La perra yendo muy fuerte, como siempre, y yo haciendo lo posible por no perder contacto. No pasan muchos minutos hasta que Cala toca un peón por bajo, lo resuelve sin contemplaciones, guía unos metros y se bloquea enfocándose hacia un tupido chaparro, la perdíz no tarda en salir del otro lado sin darnos tiempo para reaccionar, ni la veo, sólo la oigo. Una lástima, la perra se había marcado una acción para enmarcar. Poco después otra solitaria arranca muy lejos en una vaguada.

Hacemos la última ladera que tenemos prevista. Al poco de empezar se descuelga otra sin darnos opciones. Apenas unos minutos después, tras haber realizado un movimiento correcto, propiciado por algunos patrones aprendidos en jornadas anteriores, una perdíz sale muy próxima de nuestra izquierda para coger altura e intentar descolgarse hacia zonas más bajas pero para ello debe de pasar por delante de nuestra línea de avance. La arrancada es potente, sonora y con poderío, estoy a punto de precipitarme pero tengo una décima de segundo en la que contengo el impulso y soy capaz de cogerle mínimamente los puntos para acabar realizando un tiro no muy bien apuntado pero si con intención que hace que la perdíz gire sobre si misma en el aire de manera espectacular. El ruido de la detonación hace arrancar a otra prácticamente desde el mismo punto y aunque no ofrece un flanco tan claro y no es un tiro completamente despejado, la podría haber puesto en apuros pero ni la apunté bien, ni creí en el doblete.

Llamo rápido a la perra ya que estaba un poco escorada, no tarda nada en llegar y en cuanto lo hace se centra en el punto desde dónde han arrancado las perdices bastante exaltada. Le corrijo e intento encaminarla hacia el punto aproximado hacia dónde debería haber aterrizado la perdíz y aunque me cuesta unos segundos despegarla del caliente al final lo consigo y se mete dónde quería. Segundos después vuelve sobre sus pasos entre la tupida maleza y ya muy cerca de mi puedo ver que trae la perdíz en la boca.

Finaliza el cobro a la perfección la felicito y contemplo al gran macho que ahora reposa en mi mano.

En el último tramo aún puedo contemplar dos acciones repletas de calidad de la perra, siguiendo peones, guiando y bloqueándose por dos veces, pero no logro ver ni escuchar la levantada de ninguna. Posiblemente el tiempo que tardamos en colgar la perdíz jugó a su favor.

Ya habíamos hecho la mañana pero aún teníamos tiempo para intentar el que era el objetivo principal, que Cala pudiera entrar en contacto con alguna becada, así que nos dirigimos hacia los enclaves que teníamos previstos.

De camino hacia la zona elegida la perra coge dos peones casi consecutivos, las perdices salen por delante, muy lejos de ella pero aun así va demasiado desbocada. Procuro frenarla y llevarla más controlada sobre todo cuando empezamos a meternos en zonas más cerradas y tupidas para poderla verla al menos en un porcentaje del tiempo razonable.

Tengo que ir muy pendiente, dando toques de atención y guiándola para poder seguirla a pesar de que yo también voy fuerte. Tampoco quiero anularla, aunque sé que puede haber opciones perdidas cazando así, por otro lado con búsquedas tan amplias y fuertes barremos más terreno.

Después de un buen rato de toma y daca una becada se levanta por delante de mi sin dar ningún opción, llamo a la perra que estaba haciendo un lazo hacia mi izquierda y al llegar se bloquea dónde estaba la arcea para acabar rompiendo la muestra y comerse el suelo.

Vamos a ver si la rebuscamos, al menos tengo una idea de la dirección aproximada que ha tomado. Un par de minutos más tarde la perra toca un caliente y comienza a marcar un peón ladera arriba, pienso que puede ser ella. La zona apenas tiene cobertura a ras de suelo, por lo que me temo que no aguantará y no me equivoco. A pesar de la gran acción de la perra, cuando se dirigía hacia el rincón dónde nos esperaba la pitorra se levanta unos veinte metros por delante entre dos grandes lanchas. Apenas podemos intuir su silueta.

Esta vez no conseguimos volver a localizarla a pesar de intentarlo. Sólo nos queda media hora para volver sobre nuestros pasos y llegar a tiempo al coche. Decido avanzar un poco más hasta llegar a un punto querencioso que descubrí no hace mucho. En el trayecto la perra vuelve a coger otro caliente, en un principio sin demasiado ímpetu, aunque poco a poco va aumentando de intensidad pero no le hago mucho caso por creer que no podía ser una becada e ir ya con poco tiempo. Después de estar un tiempo sin verla oigo la arrancada de al menos una perdíz.

Al poco de llegar a la última zona arranca otra por delante. La veo levantar pero rápido se tapa con las copas. Aun así tengo la esperanza de que por la dirección pueda aparecer por una vaguada dónde tengo un campo visual despejado y espero esas décimas de segundos en tensión. Sin previo aviso se presenta por dónde la esperaba, al estar en alerta me precipito y el primer tiro se escapa casi sin darme cuenta al poco de volverla a ver, con el segundo tampoco me asiento, no le cojo los puntos y yerro el disparo de nuevo a pesar de haber sido una opción muy clara.  
Lamento haber desaprovechado una oportunidad así pero se me pasa pronto, estos fallos con la escopeta saben infinitamente mejor si el perro no ha hecho una buena acción o directamente no ha intervenido cómo ha sido el caso.

No hay tiempo para más. Damos una última mano a la zona por si nos topáramos con la segunda becada sin conseguirlo y reemprendemos el camino de vuelta a todo trapo. Al final hemos pasado un rato intenso, la perra a pesar de algunas acciones mejorables sigue demostrando que está creciendo mucho en estos días finales de la temporada, asentando y acumulando experiencias y además logramos no irnos vacíos, algo que hubiéramos firmado con los ojos cerrados al inicio de esta jornada express.


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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARAZ. - EMOCIÓN A RAUDALES -]]>Mon, 15 Feb 2016 13:13:03 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montaraz-emocin-a-raudalesDía 14
Condiciones: Anticiclónico, a partir de mediodía tiempo otoñal.
Escopetas: Yo.
Perros: Cala.
Piezas Vistas: 15 perdices aprox., 1 liebre
Disparos: 7/1
Percha: 2 perdices

Hoy se prevee una larga jornada después del día de ayer dónde no forzamos demasiado la maquinaria. En la primera mano tocamos tres cerros dónde podría haber perdices. En el primero la perra arranca una por debajo de mi, sólo la oigo, posiblemente debí de entrar más bajo pero ahora ya es tarde para lamentarse. En el siguiente de nuevo se levanta una muy cerca pero no la vemos, al salir al otro lado de una hilera de chaparros. Para terminar este primer movimiento nos sale otra perdíz solitaria lejos pero decido no perseguirla a pesar de ver la dirección que toma; hay que saber aguantarse y respetar, sobre todo a final de temporada cuando las densidades son escasas.

Después de esta primera hora nos encaminamos hacia una ladera estrecha, muy cerrada y complicada dónde los pájaros a veces se meten a finales de temporada o cuando están muy pegadas. Al poco de empezar veo que la perra toca un caliente por debajo y desaparece de mi vista por lo intransitable del entorno. A pesar de esperarlo, el estruendo de la arrancada me sobrecoge y al alboroto le precede la silueta de una perdiz cogiendo altura entre las numerosas carrascas que me rodean. Apenas son décimas de segundo pero al estar prácticamente encarado son suficientes para disparar un tiro instintivo que coincide con el instante en el que la perdíz se vuelve a cubrir. Varias plumas en el aire, es lo único que he podido ver, tampoco he escuchado nada más. Intento cargar todo lo rápido que puedo y decido no llamar a la perra, primero porque no se dónde está y segundo porque desconozco si la patiroja ha tocado el suelo. En esas estaba cuando oigo el aleteo inconfundible de la perdíz. Los nervios y la angustia me inundan, por un lado temo que perdíz se haya vuelto a levantar o este ganando terreno, por otro quiero imaginar que la perra está con ella.

Pasan varios segundos hasta que veo a la perra aparecer de la maleza con un trote tranquilo y orgulloso con la perdíz en la boca. La alegría es inmensa al acabar el cobro de manera magistral y contemplar el macho espectacular que Cala acaba de entregarme. Un cobro de mucha calidad por lo intransitable de la zona y por la capacidad que ha tenido la perra para ubicarla sin ninguna referencia.

Los siguientes diez minutos son trepidantes con Cala dándolo todo. 
Para empezar comete un error al despuntarse y arrancar otra perdíz que ni la puedo ver a pesar de no salir demasiado lejos. Poco después bloquea por arriba de manera formidable, me permite llegar a su altura y se marca una guiada de unos cincuenta metros soberbia con un par de frenadas entre medias espeluznantes, una acción llena de calidad. Finalmente la perdíz nos sale muy por delante pero aún así le disparo un tiro por la gran acción de la perra.

Unos metros más adelante toca otro peón y no tarda en bloquearse pero de nuevo las perdices nos salen fuera de tiro y solo las veo a intervalos y muy cubiertas. Acabamos así el tramo, felicito a la perra e intento tranquilizarla para que no vaya tan fuerte.

En ese momento tengo dos opciones en mente, meterme ya hacia unas laderas muy bajas y tremendamente exigentes dónde casi ningún cazador solemos pisar, o mover otra zona tampoco apta para todas las piernas que suele tener alguna perdíz pero que este año aún no hemos transitado.

Finalmente me decanto por esta última, posiblemente sin demasiado acierto si tenemos en cuenta que sorprendentemente no vemos ni una sola perdiz. Lo único curioso fue divisar una liebre entre unas ovejas que no ponemos empeño en disparar.

Tras este último movimiento totalmente improductivo reemprendemos la marcha hacia la opción que nos queda y dónde a priori se deberían de haber dirigido la mayoría de las perdices que hemos movido durante la mañana. Ya llegando al destino, al pasar una hilera de tupidas carrascas la perra se gira y se queda de muestra hacia atrás, la perdíz arranca del otro lado y no podemos hacer nada, solo puedo felicitarla una vez más.

Al llegar a un punto desde dónde puedo divisar con detalle la zona que tenemos bajo nuestros pies y que vamos a cazar hacemos un breve descanso para comer y beber algo, estudiar el entorno y las posibles estrategias a seguir ya que es una zona prácticamente desconocida para nosotros. 

El primer movimiento lo hacemos siguiendo las curvas de nivel de las cotas superiores ya que intentar ir en perpendicular a unas pendientes tan pronunciadas sería prácticamente un suicidio.

Intento que la perra vaya siempre por encima esperando que así pueda descolgar alguna perdíz hacia mi. Cerca de llegar al límite que me había marcado oigo una arrancada, logro divisar dos perdices pero veo que no viene hacia mi dirección a pesar de que la acción sucedió como estaba planeado pero no eligieron descolgarse en perpendicular.

Me quedo con una sensación rara y decido subirme un poco, hacia dónde se han levantado esas perdices por si se pudiera haber amagado alguna. Un par de minutos después según avanzaba por un desnivel espeluznante una perdíz surge de la nada a no más de cinco metros de mi, coge impulso y arranca llena de fuerza descolgándose hacia mi derecha y buscándome la espalda. Un tiro limpio, sin un estorbo, y aunque posiblemente técnico – al bajar en barrena y llevar un ángulo un tanto peculiar- , con estar asentado y dejarla alargar debería haber sido suficiente, pero en eso se quedó, en condicional. Al empezar sobresaltado, sin templarme, me precipite, tampoco apunté como había que hacerlo, total, que la escopeta volvió a fallar una perdíz imperdonable. Al menos me pude consolar con que la perra esta vez no había sido la responsable del lance.

Intentamos dejar a un lado el último lance aunque no es fácil; hay errores que en determinados enclaves, dónde las oportunidades suelen ser escasas y el terreno es tan exigente, es complicado ignorar esos fallos que sabes marcan la jornada.

Seguimos el plan establecido y vamos bajando progresivamente hacia cotas más bajas. En una ladera no demasiado cerrada la perra se queda clavada mirando hacia mi, en un principio me sorprende porque ya había pasado más o menos por esa zona aunque no tardo mucho en darme cuenta que ahora es cuando está con el aire de cara. A pesar de todo, percibo seguridad en su expresión pero aún así no acabo de creerme que ahí pueda haber una perdíz amagada y que pueda aguantar tanto. Con bastante desconcierto me voy acercando hacia ella, y ya cuando estaba bastante próximo a ella Cala hace un movimiento extraño, como si algo hubiera pasado y se queda como sorprendida. El caos se agudiza aún más cuando poco después una perdíz se levanta como con un impulso torpe y lento por detrás de la perra. Completamente descolocado y sin entender nada de lo que estaba pasando, la mal apunto y disparo antes de que se tape con unas escobas justo cuando la perdíz parece perder altura. Dudo de que le haya pegado pero sea como sea ha vuelto a caer como a unos veinte metros de dónde se ha levantado.

Cargo como puedo e indico a la perra el entorno dónde creo que debería haber tocado tierra ya que ella no la ha visto y está visiblemente desorientada. Nada más llegar veo que la perra coge una emanación por arriba pero no se bloquea y empieza a guiar muy fuerte. En un principio no se si seguirla porque yo también estoy bastante confundido pero pronto me doy cuenta que aunque quisiera ya no puedo hacerlo y desaparece de mi vista ladera abajo. Me viene la imagen de que si va con la perdíz - ojalá sea así – si ya se ha levantado una vez por qué no puede hacerlo una segunda vez… eso podría ser suficiente para despistar a la perra debido a la abundante cobertura.

Sólo puedo correr hacia la dirección en la que he dejado de ver a la perra, lo hago durante unos cincuenta metros pero sigo sin ver nada y ahora ya no se hacia dónde avanzar... Ahora si que está todo en manos de Cala, deseo con todas mis fuerzas que efectivamente la perra vaya por el rastro, que la perdíz no se la juegue, que consiga hacerse con ella y que pueda ver esa imagen indescriptible al ver a tu perro volver de no se sabe dónde con una perdíz en la boca después de uno de esos cobros imposibles de calificar.

Algo se mueve entre la maleza, no distingo muy bien pero diría que es la perra y los andares que trae me hacen emocionarme. Intento evitarlo, no me quiero hacer falsas esperanzas, aún no veo nada para poderlo confirmarlo. Unos segundos después creo que empiezo a felicitar efusivamente a la perra muy emocionado hasta que llega a mi altura y sentada me entrega a la orden, terminando de un modo fantástico un lance increíble.

Después de esta acción y tras acabar de tocar esa franja no vemos ninguna perdíz más a pesar de pensar que debería de haber alguna más no muy lejos, por eso decidimos bajar un poco más para hacer la última intentona.

Esta vez si encontramos más ejemplares aislados. Sólo disparo a una muy larga después de una nueva guiada llena de calidad de la perra. Además disfruto con otra muestra espléndida a otra perdíz después de marcar previamente muy bien un peón aunque la perdíz no me dejo llegar y otros peones llenos de dificultad, todos ellos en enclaves tremendamente complicados.

Terminamos la jornada muy cansados físicamente, más o menos satisfechos, con rabia por la perdíz tan clara que me comí, con un poco de pena por habernos faltado ese pelín de suerte en algún momento determinado que nos hubiera permitido disparar a alguna más y en consecuencia recompensar un poco más el grandísimo trabajo que ha realizado Cala durante esta jornada tan dura y exigente. 


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<![CDATA[DIARIO DE UN MONTARAZ. - VACÍOS -]]>Tue, 09 Feb 2016 12:54:45 GMThttp://bonviedro.com/blog/diario-de-un-montaraz-vacosDía 13
Condiciones: Día frío, cerrado, viento ligero pero gélido.
Escopetas: Yo.
Perros: Bulla.
Piezas Vistas: 4+2+6 perdices
Disparos: 6/1*
Percha: -

Empezamos tocando las zonas más altas levantando las primeras cuatro perdices; aunque ya se habían levantado la perra las para y las guía muy bien.

Nos cuesta dar con ellas de nuevo, habían dado un vuelo realmente largo, esta vez salen tres y se descuelgan hacia la parte más baja del cazadero. Decido dejarlas y vamos hacia una ladera querenciosa no muy alejada de dónde nos encontramos. Con la cabeza en otro lado la arrancada de una perdíz a buena distancia me sorprende y fallo estrepitosamente, poco después puedo comprobar que la perra estaba en próxima a dónde había arrancado la perdiz. Con lo cerca que ha salido y la manera en lo que lo ha hecho sospecho que la pudo haber bloqueado. De nuevo la perra coge un peón unos metros más adelante y otra arranca por delante sin darnos opciones.

Intentamos volver a conectar con la perdíz que hemos fallado pero no lo logramos por lo que bajamos hacia cotas inferiores buscando al resto de las perdices. En esta barrida sólo oímos a una levantarse después de que la perra marcara un peón unos metros atrás pero sale muchos metros por delante y ni la vemos.

En ese momento oigo a otra cantar entorno a la zona hacia dónde fue la perdíz que fallé hace ya un buen rato y que no pudimos encontrar. Al llegar a la zona aproximada la perra se enfoca y la marca hacia lo alto de una bola granítica de mucha altura. Decido esperar ya que estoy en la línea de su huida natural. La perra salta la pared pero no sucede nada así que después de unos segundos hago lo mismo. Pronto veo cómo la perra está marcando un caliente entre las lanchas para posteriormente marcar el peón con mucha fuerza. Después de unos cincuenta metros lo pierde. Ampliamos el abanico de búsqueda y de nuevo vuelve a coger el rastro, esta vez no lo deja y lo va descifrando segura y rápida, bloqueándose un par de veces en el último tramo pero la perdíz nos esperaba encima de una pared y se levanta sin permitirnos acercar.

Viendo que la zona tiene pocas perdices decido no insistir más y nos dirigimos hacia franjas más bajas, duras y poco frecuentadas, dónde no suele haber perdices normalmente pero a estas alturas de la temporada a veces las alberga.

Una hora después en un punto poco previsible oigo la arrancada de una, acelero para aproximarme y al poco de llegar se levantan más, a tiro, pero apenas las intuyo por la abundante cobertura que me rodea. Me centro en una que se acaba de tapar con la copa de un árbol, espero a que salga pero cuando lo hace ya va bastante lejos y la fallo.

La última hora y media resulta muy movida pero sin demasiada fortuna. La perra coge un rastro – posiblemente de un zorro – y está con él quince minutos dándole dos vueltas idénticas entorno al extenso cerro  que nos disponíamos a cazar. Durante la persecución oigo al menos una arrancada. Ya a mi lado reemprendemos el movimiento previsto pero después de la carrera que se acaba de pegar la perra tiene un bajón físico considerable, justo en el momento más inoportuno.

Sacamos cuatro perdices aisladas, la primera no nos da opciones. La segunda arranca de la copa de una encina, le puedo disparar un tiro instintivo, hace un extraño pero parece reincorporarse y la dejo de ver en décimas de segundo. Hacemos la línea hacia dónde parecía descolgarse pero sin resultados. La tercera de nuevo nos sorprende al salir de otra encina en una vaguada, ni la vemos. La cuarta me sale a tiro pero se tapa con los chaparros y el tiro que disparo lo hago prácticamente sin verla.

Así damos por finalizada una mañana sin muchas opciones, con una perdíz de las que no se pueden fallar y con un buen trabajo global de la perra hasta que se vacío y bajo un poco el tono físico. 

Mientras reponemos fuerzas al abrigo del fuego, un atardecer lento y callado nos carga las pilas para el próximo día.


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